Con la alegría que brota del corazón del creyente vengo a contarles aquí que formé parte de la escuela del Voluntariado Consolación, un espacio que me permitió detenerme, silenciarme, escuchar y escucharme, despojarme, acoger la Palabra y por supuesto formarme a la luz de los distintos documentos que nos enviaban. En medio de este pequeño y profundo camino pude compartir las mociones del espíritu, con las personas que me acompañaron, quienes generosamente dedicaron su tiempo para recibir y hacer una devolución sobre lo rezado, reflexionado, contemplado.

Nosotros, los voluntarios junto a los miembros del equipo nos reuníamos de manera virtual y en ese encuentro pudimos expresar los deseos, inquietudes, miedos…lo que brotaba de momento y abriéndonos a la novedad de lo que Dios nos regalaba en cada encuentro.
En la última reunión nos acompañó un sacerdote español quien destacó la vida profundamente contemplativa en la acción de la Madre María Rosa, y yo me sentí me interpelada por una pregunta ¿cómo se llega a ser persona humana?, que Jesús me conduzca por los caminos que me ayuden a ir respondiendo este interrogante.

Pongo en las tiernas y cálidas manos y en latido del corazón de la Virgen María, Madre de Consolación este voluntariado que en los próximos meses lo llevaré a cabo ¿dónde?, donde el “Dios de toda Consolación me invite a vivir y me quiera mostrar el rostro de Cristo en el hermano”.

¡Muchas gracias…un abrazo!